La encefalomielitis miálgica (EM), también llamada síndrome de fatiga crónica (SFC o EM/SFC), le quita a una persona la vida que tenía. Gente que trabajaba, estudiaba, hacía deporte y criaba a sus hijos queda, de un mes para otro, sin fuerzas para ducharse o sostener una conversación. La Organización Mundial de la Salud la clasifica como enfermedad neurológica.
Su síntoma central es el malestar post-esfuerzo (PEM, por sus siglas en inglés). Cualquier esfuerzo físico, mental o emocional se paga con un empeoramiento de todos los síntomas que puede durar días, semanas o meses. Descansar no lo arregla, y esforzarse más lo agrava, a veces de forma permanente.
Una de cada cuatro personas con EM no puede salir de su casa o de su cama. Las más graves viven a oscuras y en silencio, sin poder hablar, comer solas ni tolerar que las toquen. En un estudio danés que comparó 20 enfermedades crónicas, la EM tuvo la peor calidad de vida de todas, por debajo del cáncer, el derrame cerebral y la esclerosis múltiple.
Aun así sigue siendo una enfermedad ignorada. No hay cura ni tratamiento aprobado, casi no se investiga, y a muchos pacientes todavía les dicen que es estrés, depresión o pereza. En Colombia muy pocos médicos saben reconocerla. Muchas personas enferman después de una infección viral, y desde la pandemia somos muchas más: una parte de quienes tienen COVID persistente cumple los criterios de EM.